“Me siento solo…” Claves para superar el sentimiento de vacío de estar lejos de casa — Españoles en UK

Cuando hacemos los preparativos del viaje, pensamos en casi todo: lo que necesitamos, dónde vamos a vivir, qué presupuesto tenemos, con quién viviremos o compartiremos piso, incluso puede que investiguemos en profundidad sobre nuestra nueva ciudad de residencia, pero pocas veces pensamos en cómo nos vamos a sentir o si sabremos manejar esos sentimientos. Uno […]

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LA NAVIDAD EN SOLEDAD

En la cultura occidental la navidad es una fiesta  vinculada  a la familia, a los reencuentros, al compartir con amigos y seres queridos, asociada a una imagen social de felicidad y armonía.

Las celebraciones de la navidad  y del fin de año, favorecen el surgimiento de intensas emociones ligadas a nuestra historia personal y familiar que evocan las  pérdidas simbólicas y reales, a su vez traen a la memoria el recuerdo de personas queridas que han fallecido o de sí mismos en otro tiempo  que se percibe como feliz.

Es frecuente que se reaviven sentimientos de tristeza, vulnerabilidad o  miedos ante la inminencia de los reencuentros familiares, por un lado deseados y para algunas personas, temidos debido a la reactivación de conflictos no solucionados a lo largo de los años.

Si las circunstancias personales o laborales exigen estar físicamente lejos de la familia, la nostalgia, la añoranza y la sensación de soledad pueden estar muy presentes. En este punto es importante diferenciar  entre lo que es estar solo y sentirse solo, la primero es el hecho objetivo de no estar en compañía, especialmente  de personas a las que se está vinculado  afectivamente, lo segundo es una sensación subjetiva que se puede producir tanto si se está sólo como  acompañado de la familia o personas cercanas.

La soledad es constitutiva al ser humano, favorece la reflexión, hay personas que la buscan de forma activa para sentirse en paz y en disposición creativa, otras personas le tienen tanto miedo que huyen de la soledad de forma compulsiva, porque se entiende ésta como una especie de fracaso personal y se afanan en estar acompañados  con quien sea con tal de no  estar solos, por lo general, el resultado de este comportamiento es una sensación de vacío aún mayor, nadie puede acompañarnos durante toda la vida salvo nosotros mismos.

Cuando hay perdidas recientes, cuando existe la distancia no deseada hay tristeza, es lo natural, lo adecuado y es sano para la persona permitirse experimentar esa emoción, es una  de emociones básica para el ser humano, le permite aceptar e  integrar experiencias difíciles  para aprender y crecer como personas.

En estas fechas si por circunstancias tienes que estar solo o sola,  deseas hacerlo porque las redes o vínculos que tienes no son suficientemente nutricios o satisfactorios, es una buena oportunidad para cambiar la forma de ver  la soledad, una ocasión para aprender a estar contigo mismo/a, un espacio de tiempo para revisar a qué y quiénes estamos apegados, puedes aprovechar la oportunidad para hacer aquellas cosas que te gustan y para las que probablemente no has sacado tiempo, de hacer nuevos planes de cambiar y dejar atrás actitudes  o hábitos no deseados que no  te generan satisfacción. Recuerda que la soledad y la tristeza no significan aislamiento ni sufrimiento.

Diana Vilar

http://www.psicologaonline.eu/

 

 

Pensando en irte a vivir a otro país…

Cuando esta idea se hace cada vez más frecuente en nuestra mente, aparecen los miedos ante la incertidumbre, las ideas catastróficas, ante una realidad imaginada o soñada, esta decisión  pondrá a prueba nuestro equilibrio emocional, nuestra capacidad de adaptación, de tolerancia a la frustración, nuestro empuje, nuestras ganas de aprender  y nuestra determinación, entre otras cosas.

Sin duda nos dejará indiferentes Miedo a emigrar

¿De qué sirve la tristeza?

En una sociedad como la nuestra en la que diariamente los mensajes que recibimos se focalizan en la alegría, la juventud, la diversión, el placer y en la que otras emociones, valores, así como otras etapas vitales son desestimados e incluso evitados obsesivamente, resulta motivador ver la película animada “Inside Out” (Del revés en España e Intensa-Mente en Hispanoamérica).

Es especialmente cautivadora la forma en que ayuda al público a comprender la importancia y el papel que juegan cada una de nuestras emociones básicas, es en mi opinión es un magnífico trabajo el que hace el equipo de la película, quien según me he informado ha estado asesorado por Psicólogos que han desarrollado destacados trabajos en el estudio de las emociones (Paul Ekman, Dacher Keltner).

Pero… y Para qué sirve la tristeza?

La película “Inside-out” a a mi manera de ver, lo explica de forma clara, no es posible la felicidad, entendida esta como bienestar, sin la participación y la integración de las otras emociones, especialmente de la tristeza, es la aceptación consciente de nuestras emociones, la que nos permite un equilibrio sereno.

Se habla constantemente de la felicidad, malentendida como un estado de alegría constante, que se nos impone en la sociedad occidental casi como una obligación; cuando por los azares propios e inevitables de la vida, los eventos nos duelen, nos entristecen, surge la voz de un familiar, compañero, pareja, etc, minimizando su importancia, incitándonos a distraernos, a estar contentos “porque siempre hay cosas peores” y desde luego… a una parte de esta buena intención no le falta razón, pero se equivoca en la forma.

Es el reconocimiento, la aceptación y la vivencia de nuestras emociones la que hace que estas se integren, no se enquisten y permanezcan en el tiempo como un asunto no resuelto. La tristeza no es sufrimiento, al igual que la alegría no es la felicidad.

En otras palabras, no se puede estar alegre cuando una injusticia nos arrasa, cuando nos han decepcionado o herido, cuando perdemos a alguien especial, cuando nuestra salud o la de nuestros seres queridos se ve afectada, cuando no obtenemos un logro después de haber trabajado arduamente para conseguirlo, etc. Lo adecuado y lo necesario en estos casos, es que podamos “vivir” esa tristeza, llorarla, reconocerla, no evitarla, compartirla si es posible, poco a poco desaparecerá y nos servirá para aceptar y ajustarnos a la situación. En cambio si la negamos, la evitamos, la excluimos de nuestra vida, surgirá cada vez con más fuerza y si es la forma en que afrontamos el dolor a lo largo de la vida, se hará presente de forma constante en nosotros.

No se puede aprender solo de los eventos felices, de las satisfacciones, son las dificultades y los reveses de la vida los que nos fortalecen, permiten que nos desarrollemos y crezcamos como personas, son las experiencias dolorosas las que nos impulsan hacia adelante. La tristeza es la emoción que refleja en nosotros el impacto emocional de estos eventos en nosotros, es una emoción normal y necesaria, forma parte del campo emocional de las personas y favorece la aceptación y el ajuste emocional necesario para afrontar las circunstancias dolorosas.

Algo muy distinto es la depresión que se manifiesta con un estado anímico de tristeza que dura más de lo normal y la persona se vuelve incapaz afrontar su día a día, no tiene ganas de hacer nada, no puede disfrutar de lo que habitualmente le daba placer, llora frecuentemente, tiene dificultades para dormir o mantener el sueño, pierde el apetito, en este caso es muy importante consultar cuanto antes con un psicólogo o un profesional de salud mental.

Cierro con una frase de la película dicha por Tristeza: “llorar me ayuda a dejar de obsesionarme por el peso de los problemas”.

Diana Vilar
http://www.psicologaonline.eu/

A propósito de vivir en tierra extraña

Recientemente vi el documental de Iciar Bollain: En tierra Extraña (2014), que muestra  testimonios de emigrantes españoles que, debido a la crisis económica se han ido a Edimburgo, en busca de oportunidades laborales y me hizo pensar en tantas historias pasadas y presentes que conozco, que he vivido y que atiendo en tanto sus secuelas, así que me decidí a escribir este artículo.

Cada uno de nosotros observa una escena, ve una película y elabora su propia versión de la misma, este documental por supuesto tiene una intención de denuncia, de testimonio de una situación social y de crítica a un sistema y sin desconocer su valor en ese sentido, a mí lo que me atrapó fueron los testimonios, su honestidad, la alegría, la tristeza, la nostalgia, el drama, la ilusión, el orgullo con que cada uno de los protagonistas muestra su experiencia.

Me quedé con ellos, pensando en lo que muestran, lo que dicen y lo que callan, en cómo lo han vivido, cómo lo han afrontado, que aspectos de sí mismos se han puesto en juego en esta experiencia,  en qué medida la migración  ha cambiado sus identidad, su vida.

Así que en torno a esos pensamientos y lo que ellos me han hecho reflexionar  intentaré aportar desde la psicología, una serie de ideas que nos ayuden a comprender esta intensa experiencia en la vida de muchas personas como lo es la migración.

La migración es una vivencia dura porque lleva implícitos cuanto menos dos procesos de cambio de forma simultánea,  uno es el de separación y el otro es de adaptación. En el primero la persona tiene que hacer un distanciamiento de la familia, los amigos, el país, la lengua,  la tierra, los olores sabores, la comida, el clima, entre otras cosas  y en el segundo el migrante hace un esfuerzo de integración a un medio nuevo que difiere en códigos y hábitos.

Es un proceso dinámico, no lineal, tiene progresos y retrocesos, tiene pérdidas y ganancias que producen cambios que abarcan tanto las relaciones externas como internas de la persona y su identidad.

Se viven momentos de ambivalencia emocional (alegría por haber conseguido llegar, tristeza por lo que acaba de abandonar), confusión, miedo, rabia, impotencia, sensación de soledad, conflictos entre normas que trae incorporadas y la de su nuevo lugar de residencia o conflictos por ausencia de las mismas, elementos que los protagonistas en el documental expresaban o dejaban entrever.

La migración no es igual para todas las personas, se vive de manera totalmente individual aunque se emigre en pareja o en familia, su transcurso y el ritmo con el que se experimenta es totalmente particular; está  condicionada además por los  aspectos sociales, culturales, lingüísticos, religiosos, el género, la edad, los factores económicos, su duración (si es temporal o a largo plazo) si es voluntaria o forzada, etc.

La migración implica  realidades nuevas, es una incursión en lo desconocido, comprometerse con hechos futuros que no son previsibles y afrontar sus consecuencias,  esto provoca de forma inevitable sentimientos de ansiedad y tristeza que hacen  que la persona sienta  la necesidad de adherirse a lo conocido y evitar el cambio.

La probabilidad de  que una persona viva  su migración de forma positiva  irá en función de la personalidad, de sus recursos internos, de las redes de apoyo con las que cuenta, y las condiciones sociales, económicas y de seguridad en las que se desarrolle su proceso migratorio.

Por positiva que sea la experiencia migratoria  y aún siendo favorecedoras  las circunstancias en las que se desarrolla (dinero, trabajo, compañía, posición social), implica un duelo[1] que necesita ser elaborado. Si la persona consigue hacerlo manera exitosa, la migración se convierte en  una experiencia de crecimiento vital y si fracasa tiene consecuencias a nivel emocional.

El duelo migratorio se puede manifestar o no desde el inicio de la migración, puede que se dé un período de latencia  o darse un duelo postergado, su  vivencia depende de la personalidad previa de cada persona y de las circunstancias en que la viva.

No se tratar de eliminar a cualquier precio toda sombra de preocupación y de nostalgia quitando importancia a las pérdidas, negándolas o dando fármacos para que la persona no sienta en ningún momento tensión, preocupación, tristeza, añoranza, pena, éstas vivencias forman parte de la experiencia de la vida y de la adaptación al medio.

Hay riesgos que pueden complicar el duelo migratorio como situaciones de explotación laboral, situación de marginalidad, condiciones inadecuadas de la vivienda, situación de irregularidad documental, racismo y a nivel personal, duelos mal elaborados, resistencia al cambio, voluntariedad o no de la migración, desconfianza en el ser humano, capacidad de resolución de problemas y comunicación, estructura débil de personalidad, trastornos psicológicos previos.

En la medida que ese duelo vaya siendo elaborado la persona podrá ir integrando de manera progresiva de los elementos de la nueva cultura. Recuperará el placer de pensar, desear y de la capacidad de hacer  proyectos de futuro,  en relación con el cual el pasado es vivenciado como tal y no como paraíso perdido. En éste momento se considera que se habría realizado la elaboración del duelo por el país de  origen hasta donde sea posible hacerlo, porque  tal vez sea un proceso que no termine nunca.

Lo anterior facilitaría la integración  en la nueva cultura, sin tener que renunciar a la propia, promoviendo un enriquecimiento del personal, con la consolidación de un sentimiento de identidad remodelado y generando un cierto sentimiento de  pertenencia.

Para terminar es importante decir que todos este proceso de adaptación y  duelo migratorio  es normal y necesario, solamente se convierte en problemático cuando  la persona siente que es incapaz de afrontarlo  y modificar su realidad y le conlleva un sufrimiento importante.

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Diana Vilar Rubiano

Psicóloga, Máster en Psicoterapia, especializada en Salud Familiar-Comunitaria y Migraciones Internacionales.

http://www.psicosocialsevilla.es/psicoterapia-online/

[1] proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida de personas, aspecto u objetos significativos (valiosos) con reacciones, emocionales, físicas, cognitivas y sociales. Su elaboración se refiere al proceso que vive la persona hasta que lo supera.